Fisioterapia

¿Por qué septiembre nos duele? Dolores típicos después del verano.

Vuelves de vacaciones y, justo cuando toca recuperar la rutina, aparece el dolor de cuello, el hombro cargado o ese tendón que llevaba meses sin dar guerra. No es casualidad: es la suma de pequeños cambios y una vuelta demasiado rápida a la rutina.

Iván Armentia · Fisioterapeuta
8 min de lectura
¿Por qué septiembre nos duele? Dolores típicos después del verano.

El verano cambia más cosas de las que pensamos.

Vuelves de vacaciones y, justo cuando toca recuperar la rutina, aparece el dolor de cuello, el hombro cargado, molestias en la espalda o ese tendón que llevaba meses sin dar guerra. ¿Casualidad? No siempre.

En fisioterapia, septiembre suele venir acompañado de un patrón que conocemos bien: pacientes que durante el verano han cambiado muchas de sus rutinas y que, al regresar a la normalidad, empiezan a notar molestias que antes no estaban… o que estaban ahí, pero permanecían en segundo plano.

Durante las vacaciones cambiamos calzado, cama, almohada, horas de sueño, actividad física, horarios, tiempo sentado, kilómetros caminados e incluso nuestra exposición al estrés. La suma de pequeños cambios, unida a una vuelta demasiado rápida a la rutina, puede acabar pasando factura.

De la zapatilla a la chancla: tus pies también se van de vacaciones.

Pasamos de utilizar zapatillas o calzado relativamente estable durante gran parte del año a caminar durante horas con chanclas, sandalias o incluso descalzos.

No significa que llevar chanclas sea malo. El problema suele aparecer cuando cambiamos bruscamente el tipo de calzado y, al mismo tiempo, aumentamos mucho el tiempo caminando. El calzado modifica variables de nuestra biomecánica de la marcha y nuestro cuerpo necesita adaptarse.

Después de varias semanas pueden aparecer molestias en la planta del pie, fascia plantar, tendón de Aquiles, gemelos y sóleo, rodilla, cadera o zona lumbar.

El problema no suele ser simplemente «la chancla», sino la combinación entre un estímulo diferente y una dosis a la que nuestro cuerpo quizá no estaba preparado.

Para prevenirlo, alterna tipos de calzado, especialmente cuando vayas a caminar mucho, aumenta progresivamente los pasos y mantén durante todo el año una buena capacidad de fuerza de pie, tobillo y pierna.

Hotel, apartamento, autocaravana… ¿y qué ha pasado con mi cuello?.

Durante varias semanas podemos dormir en diferentes colchones y almohadas, cambiar nuestra postura habitual o utilizar camas a las que simplemente no estamos acostumbrados.

Pero no todo es culpa de la almohada. También podemos haber conducido durante horas, dormido peor, utilizado más el móvil, viajado o cargado maletas. Nuestro sistema musculoesquelético responde a la suma de muchos factores.

Por eso, cuando aparece dolor cervical o lumbar después de unas vacaciones, en fisioterapia no buscamos simplemente «qué músculo está contracturado». Intentamos entender qué ha cambiado y qué factores pueden estar manteniendo el problema.

Dormir diferente también puede hacer que percibamos más dolor.

En vacaciones nos acostamos más tarde, dormimos siestas, cenamos a otras horas y madrugamos menos. Después pretendemos volver de golpe al despertador y al horario habitual.

El sueño y el dolor están estrechamente relacionados. Dormir peor no significa necesariamente que vayamos a lesionarnos, pero una mala calidad del sueño puede relacionarse con una mayor sensibilidad al dolor. A su vez, el dolor puede hacer que durmamos peor.

Al regresar, intenta recuperar progresivamente horarios regulares, actividad física, exposición a luz natural y descanso suficiente. La recuperación no depende únicamente de lo que hagamos durante una sesión de fisioterapia.

«He parado y me han salido todos los achaques».

Durante meses podemos mantener ritmos elevados de trabajo, obligaciones, entrenamiento y estrés. Llegan las vacaciones, reducimos de golpe ese ritmo y algunas personas sienten que es precisamente entonces cuando aparecen cansancio, molestias o sensación de bajón.

No significa que el estrés estuviera curando o escondiendo una lesión ni que todo se explique por una simple «bajada de cortisol». Estrés, sueño, sistema nervioso, actividad física y percepción del dolor interactúan entre sí. Una transición brusca desde mucha exigencia hacia el descanso —y después otra vez hacia la rutina— puede modificar cómo nos encontramos y cómo percibimos determinadas molestias.

Nuestro cuerpo no tiene un botón de ON/OFF. Necesita adaptación.

Y después llega septiembre: de 0 a 100 otra vez.

Volvemos al trabajo, al gimnasio, a correr, a llevar a los niños de un lado para otro y a pasar horas delante del ordenador. Y muchas veces queremos recuperar en una semana todo lo que dejamos de hacer durante agosto.

Los tendones, músculos y articulaciones se adaptan a aquello que hacemos habitualmente. Después de unas semanas con menor actividad, retomar exactamente el mismo volumen e intensidad puede superar temporalmente nuestra capacidad para tolerar esa carga.

Por eso en septiembre vemos con frecuencia molestias de hombro, Aquiles, rodilla, fascia plantar, cadera, cuello o espalda.

¿Qué hacemos cuando ya ha aparecido el dolor?.

Lo primero es entender por qué ha aparecido y qué está impidiendo que desaparezca.

En fisioterapia podemos utilizar diferentes herramientas para reducir síntomas y recuperar movilidad, pero en muchos problemas musculoesqueléticos la recuperación no termina en la camilla. Especialmente en las tendinopatías, el ejercicio y la progresión adecuada de la carga son una parte fundamental del tratamiento.

Nuestro objetivo no es únicamente que hoy te duela menos. Queremos conseguir que mañana puedas hacer más.

Valoramos movilidad, fuerza y capacidad funcional y, cuando es necesario, estudiamos también cómo caminas, corres o realizas el gesto que desencadena los síntomas. A partir de ahí combinamos tratamiento fisioterápico, ejercicio terapéutico y una progresión individualizada de las cargas.

5 consejos para que el próximo septiembre duela un poco menos.

1. No abandones completamente la actividad física en vacaciones. No necesitas entrenar igual, pero mantener algo de fuerza y actividad facilita mucho la vuelta.

2. Cambia de calzado, pero también cambia la dosis. Una cosa es utilizar chanclas para bajar a la piscina y otra caminar 15 kilómetros con ellas cuando llevas todo el año usando zapatillas.

3. Cuida el sueño también en vacaciones. Puedes flexibilizar horarios sin convertir cada día en un pequeño jet lag.

4. Vuelve progresivamente al deporte. Tu cabeza recuerda el entrenamiento de junio; tus tejidos quizá necesiten unos días para volver a tolerarlo.

5. No esperes tres meses si una molestia no evoluciona bien. El dolor no siempre significa lesión, pero tampoco tiene sentido convivir durante semanas con un problema que limita tu actividad sin saber qué está ocurriendo.

Septiembre no tiene por qué convertirse en noviembre.

Muchas de estas molestias no aparecen por una única causa. Son el resultado de pequeños cambios acumulados: dormimos diferente, caminamos diferente, nos movemos diferente, entrenamos diferente y después volvemos demasiado rápido a nuestra rutina habitual.

El problema llega cuando una molestia que comenzó al final del verano se mantiene durante septiembre, después durante octubre… y llegamos a noviembre todavía intentando que desaparezca sola.

En Puntozero entendemos la fisioterapia como algo más que tratar el lugar donde duele. Buscamos entender qué ha cambiado, qué capacidad has perdido y qué necesita tu cuerpo para volver a hacer con normalidad aquello que quieres hacer.

Porque muchas veces la solución no consiste únicamente en quitar el dolor. Consiste en conseguir que tu cuerpo vuelva a estar preparado.

#septiembre#dolor#fisioterapia#postvacacional#prevención#tendinopatías
Compartir
XFacebookLinkedInWhatsApp
Empieza desde cero

Del artículo a tu primera sesión.

Reserva 30 minutos con nuestro equipo. Sin compromiso, solo escuchamos.

Comentarios

Los comentarios estarán disponibles próximamente. Mientras, cuéntanoslo por Instagram.

Sigue leyendo.

Ver todo →